Mar 29 Nov 2022 11:45:26

Euforia y drama

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El fútbol es sentimiento para quien lo sigue y lo disfruta. No es dar patadas a un balón. Es un duelo en el que equipo y afición se dejan llevar por momentos que a veces traen tensión. Otras veces provoca inquietud y nervios. A veces, solo nos dejamos llevar por el disfrute de un juego bonito. El fútbol -sin importar si es femenino o masculino- causa alegría, disgusto, incluso cierto enfado, aunque a algunos se les sube en exceso. 90 minutos de montaña rusa.  

Pero, a veces, hay encuentros en los que se nos juntan las polémicas. Porque todos estos sentimientos, en un derbi, se mezclan y se magnifican, como dirían en Gran Hermano. Todo se vuelve más intenso. Sí, los derbis son derbis, se juegan y se disfrutan como si de ese partido dependiera toda la vida. Da igual si no te juegas nada, hay que ganarlo y cada gol se vive como si fuera el que te da un campeonato.  

A veces las celebraciones en los derbis levantan ampollas entre la afición, sobre todo cuando la mejor muestra de satisfacción la demuestran jugadoras que formaron parte del club al que se enfrenta. Lo que para uno es euforia a otros se les hace drama.  

El derbi era este fin de semana entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid Club de Fútbol Femenino. Y la jugadora centro de la polémica, la portera del equipo blanco, María Isabel Rodríguez, Misa, que celebró la victoria de las suyas con una muestra inequívocamente de felicidad. ¿Alguien esperaba otra cosa? Es normal. 

Entiendo que parte de la afición colchonera pueda sentirse dolida, sentir un pinchacito, cuando ve esta celebración, pero es que Misa no ha ocultado ser merengue desde pequeña. No creo que nada de lo que haya hecho signifique no sentirse agradecida por la formación que se le dio en el Atlético de Madrid los años que perteneció al club. Pero es que la futbolista buscaba su hueco, su sitio, buscaba tener su oportunidad, trabajando a pico y pala, sin poner malas caras, sin protestar por su papel en la sombra. El caso es que el progreso de Misa, desde entonces hasta ahora, ha ido ‘in crescendo’, qué duda cabe. Está en su mejor momento. Lo sabe y lo disfruta.  

Durante años fue la portera suplente, la que aguarda y sigue trabajando, aunque no siempre haya recompensa a ese esfuerzo. Y llegó el momento de tener que tomar una difícil decisión: dejar uno de los equipos más afianzados en la liga Primera Iberdrola para fichar por un recién ascendido. Acertó. Bajo mi punto de vista, tomó la mejor decisión, la de salir a demostrar quién era, y crecer cada partido, los buenos y los malos.  

Solo un año después surge una magnífica oportunidad, la de jugar con el equipo que siempre había soñado. Firma, sin duda alguna. ¿Qué si no? Y se convierte en estandarte para una afición que agradece que muestre sin medida que siente su camiseta sobre todas las cosas y, en consecuencia, muestre con efusividad su alegría por ganar un derbi -el del fútbol femenino ente Atleti y Real Madrid- inédito hasta ahora.  

Que sí, claro que sí, que si un equipo lleva mucho tiempo apostando por el fútbol femenino y el otro no quería hacerlo. Que ya sabemos que dirán que si uno saca billetera, como si fueran los únicos que se manejen en millones. No me valen los típicos tópicos en este momento. Eso debería ya estar superado.  

Sean cuales sean las circunstancias de cada club, de cada equipo, todos salen al campo a jugar a lo mismo. 

El fútbol es sentimiento, decíamos, y pasión para quien lo trabaja. Desde esa perspectiva, celebrar una victoria agarrando tu camiseta con un grito de euforia no es necesariamente una falta de respeto. Porque la rabia que se ve en la celebración no es contra ningún equipo, es un torrente de emoción hacia el suyo propio, el que le ha ocupado siempre, al que le han llevado sus pasos. Un equipo en el que, ahora sí, ella es la titular. 

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